BMW habla, pero también actúa; que si el coche autónomo, que si el coche del futuro… el i8 ya va camino de ser un clásico cuando está un siglo por delante del futuro de muchos fabricantes. Es emocionante, tanto por diseño como por tecnología y dinamismo. Un sueño de coche.

Las primeras pruebas tienen ya un año, y por eso casi había perdido la ilusión por probarlo, pero de repente cayó en mis manos y aproveché la ocasión. Fueron unos días muy especiales, porque ni de lejos pensaba que el BMW i8 fuera a ser tan satisfactorio. A todos los niveles. Pensaba en él como en un coche eléctrico con una asistencia de motor de combustión para no ser exclusivamente eléctrico, y por lo tanto un coche menos inútil cuando de cubrir alguna distancia más larga se trataba, pero no del todo útil. Muy bonito, mucha fachada y poco más, un juguete caro para excéntricos ecologistas… Pero nada más lejos de la realidad. Estaba muy equivocado. Y no tengo problema alguno en reconocer mi error. La tecnología incluso de fabricación impresiona. No es un coche normal, es un coche de fibra de carbono, como un monoplaza de competición, como un superdeportivo de precio astronómico. No es que este BMW sea barato, son 129.000 euros, unos 140.000 si lo compras con todo el equipamiento incluido, como nuestra unidad de pruebas, lejos aún del precio de los coches que son realmente sus rivales por concepto, diseño y tecnología. Como decía, es un coche de fibra de carbono con un diseño que recuerda un poco a los legendarios M1… frontal afiliado, habitáculo amplio para dos personas y caída muy limpia y aerodinámica para la parte posterior. Dicho así, podría parecer el inocente dibujo de un niño pequeño, pero la planta del i8 es escultural: muy ancho, casi dos metros, muy bajo, no llega al 1,30 metros, y una trasera de ensueño creada por el trazo caprichoso del aire que fluye de un lado a otro buscando la mejor forma de escapar. Parece un prototipo, quizás inacabado, cuando en realidad es un producto de serie que demuestra al mundo que, en BMW, lo supremo es lo normal.

Fibra de carbono

Es de fibra de carbono, porque en su creación se ha cuidado el peso al extremo. Sencillamente porque requería un esfuerzo adicional en este apartado, sencillamente porque debía llevar dos motores, uno eléctrico y uno de combustión, y por tanto unas baterías acorde al nivel de rendimiento y prestaciones elegidos, y también un depósito de combustible, y todo el equipamiento necesario para ser considerado un supercoche… que lo es. Demasiadas cosas y muchos kilos, pero al final no llega a 1,6 toneladas, sin duda gracias al uso masivo de la fibra de carbono y a la fibra de vidrio para muchos de los elementos de la carrocería. En la parte delantera se ubica el motor eléctrico, en el suelo del habitáculo se disponen las baterías y a espaldas del habitáculo se encuentra el motor de combustión, un bloque tricilíndrico y sobrealimentado de 1,5 litros. Todo ha sido dispuesto con la mejor intención para conseguir un óptimo reparto de peso, que consigue al equilibrar la balanza con un 50/50 sobre ambos trenes. Además, el motor eléctrico empuja a las ruedas anteriores, y el motor de combustión las ruedas posteriores, de forma que hablamos de un coche de tracción total, aunque no siempre, solo cuando el usuario así lo disponga, o mejor dicho cuando la electrónica inteligente de este BMW i8, así lo requiera.

Llegado el momento de ponerse al volante impresiona. Más aun, asusta. Pero no es para tanto. De hecho es fácil familiarizarse con su funcionamiento hasta el punto de que te encuentras realmente a gusto y complacido con su funcionamiento. Lo primero es acceder a su interior, y esto por un lado es uno de los elementos de diseño más espectaculares del coche y por el otro, una de las incomodidades más importantes del mismo. Las puertas se abren en forma de tijera, de forma vertical con visagra y amortiguadores en la parte delantera. Espectacular, de eso no hay duda, pero hay que andar fino para no darse un coscorrón, para luego aprender que anticipando la pierna derecha y dejando car el cuerpo al interior es perfecto para acceder al coche sin mayor problema. La llave daría para un comentario extenso, es un monomando del tamaño de un teléfono móvil pequeño, con su pantalla digital y con diversas funciones e informaciones del estado del coche, o del sistema de calefacción, la autonomía etcétera. Pero una vez abierto el coche no es necesario usarla. Tan solo debe estar en el habitáculo. Para poner en marcha el coche es suficiente pulsar el botón de “start”. Hecho esto, el cuadro se ilumina y se hace el chequeo de funciones, pero solo hay silencio, y mejor que no esperes nada más, porque está esperando para empezar a moverse. El motor eléctrico ofrece 131 CV y el de gasolina, el pequeño bloque de tres cilindros y 1.500 centímetros cúbicos desarrolla nada menos que ¡232 CV!, y sumados ambos disponemos de una potencia total de 362 CV, una cifra más que suficiente para hacer volar al i8, volar con un sonido de auténtico V8; no sé qué parte tiene que ver con el motor directamente y que parte procede del equipo de audio del coche, pero la melodía es excepcional. Esto ocurre cuando damos rienda suelta al acelerador y es la gestión electrónica la que elige como gestiona los recursos del motor eléctrico y de combustión. Bueno, en realidad para llegar a ese momento de summum de conducción, más bien de pilotaje, se llega pasando el pomo del cambio al carril Sport, momento en el que el cuadro de mandos se torna a color rojo y el conductor disfruta de los dos motores empujando al cien por cien, gozando el cambio secuencial con levas en el volante. Es entonces cuando una verdadera melodía de ritmo, emoción y altas prestaciones inunda el habitáculo. Es brutal, emocionante… nada que ver con los sonidos que emite si lo usamos solo con el sistema y motor eléctricos, e incluso con ambos motores pero con los programas Eco o Confort. Con ellos es posible alargar la duración de uso del coche, autonomía, porque se trata de un híbrido enchufable que aporta veinticinco kilómetros en eléctrico por completo tras cargar las baterías en una toma de corriente y en menos de dos horas.

El coche me ha entusiasmado, y lo hace de forma permanente a su paso por cualquier parte. Es un espectáculo, y es verdaderamente difícil sacarle pegas. El acceso va en gustos, pero si las puertas no fueran de tijera, habría que inventar algún otro sistema que dejara casi desnudo el habitáculo de fibra de carbono. ¿La capacidad de maletero? Pues la normal en un coche de este tipo; entre mínima y ridícula, 154 litros para meter una bolsa de viaje. ¿El precio? Casi parece barato por toda la tecnología que incorpora.

Ramiro Mansanet. Fotos: Pedro Morera y BMW